Minn estaba sentada cenando la lengua de niño de vidrio cuando lo vío entrar, ¡no lo podía creer!, iba tan bien con ese queso chedar del refrigerador.
Minn se lamió cada dedo incluyendo los de los pies, pues con ellos amasaba la cara de niño de vidrio.
¡Delicioso! - penso. -¡date vuelta, date vuelta!- quiero verte por completo...
-¡Hummmm! huele rico, aunque debí quitarle los pelos!-
Así decía Minn, mientras hechaba en aceite de olivo esas carnosas mejillas que aquel chico mirón tenía al entrar a la tienda y que, sabrían excelentes marinadas en su sudor corporal de 41º excretado esa noche.
martes, 8 de mayo de 2007
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